Facebook, Google y las ranas hervidas

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Google y Facebook se han convertido en los “monopolios” de la era de Internet. Aunque al principio de la revolución de Internet se nos dijo que la red de redes iba a traer pluralidad, pero al final nos encontramos ante una reproducción del sistema offline: grandes empresas, acusadas de monopolio y para las que las leyes no son igual que para todos. El reto de sus economías de escala es como no podría ser de otra manera, la maximización de beneficios y, teniendo en cuenta que ambos ofrecen sus servicios de manera gratuita al usuario, tenemos que asumir que el usuario es el producto que esta grandes empresas venden empaqueteados como publicidad.

Sin embargo, la capacidad de monetización de ambas empresas y la recepción de la misma por parte de los usuarios está siendo muy diferente. En los dos somos mercancía de cambio, pero … no lo percibimos de la misma manera. Google es un amigo que me tiene que decepcionar muchas veces para que piense en buscar alternativas… pero de Facebook no me fío.  Me recuerda al famoso experimento de la rana y el agua hirviendo. Si pones una rana en una cazuela con agua hirviendo, la rana inmediatamente salta y escapa. Si la dejas en agua fría y vas aumentando la temperatura lentamente la rana  queda tranquilita, se duerme poco a poco con el calor y cuando la temperatura es insoportable la rana ya no tiene fuerza para saltar y escapar.

Algo así nos ha pasado con Google. Google ha conseguido crear un entramado de ingresos a la vez que mantenía el foco en su producto clave: la búsqueda. Aunque hoy en día ya la mayor parte de los usuarios saben que hay resultados pagados en la página de resultados de Google (la caja amarilla cada vez menos amarilla), anuncios pagados en Gmail etc estos en su gran mayoría cumplen con su función de ayudar en la búsqueda y resultan poco intrusivos para los usuarios y rentables para los anunciantes. Sólo el formato de anuncios con video antes de poder ver uno en Youtube “cabrea” a los usuarios, o al menos a Enrique Dans. 

El caso de Facebook es diferente: la red, que ya tenía críticas de los usuarios por los constantes cambios y la falta de seguridad, no acaba de encontrar un modelo de monetización de su impresionante base de usuarios. Primero fueron las “offers” las que pasaron sin pena ni gloria, ahora son las historias patrocinadas las que se retiran después de irritar a usuarios y anunciantes por igual.

Eran intrusivas, demasiado numerosas y… ¡poco acertadas! Además, parte de sus números positivos eran engañosos, ya que muchos de los usuarios que interactuaban con el anuncio no se percataban de él y realmente querían hablar con su amigo, lo que generaba situaciones surrealistas para el community.

 

(ejemplos tomados prestados del post “¿Nos estaba Facebook con las historias patrocinadas?. de Elena Benito Ruiz)

Desde el punto de vista del usuario, tenemos que tener en cuenta que el uso de ambos productos responde a necesidades y momentos de consumo completamente distintos: si en Google estoy buscando, en Facebook espero divertirme e interactuar con mis amigos. Es un poco la misma situación que un dependiente que te aborda con una oferta cuando estás mirando en una tienda o los chicos que te persiguen por la calle para contarte las bondades de otra ONG más…¿cuál es más efectiva?

Para mi además hay una causa profunda que es la percepción que tenemos de las dos empresas: mientras Google es el producto nacido en un garaje de unos genios con una visión apasionante, “ordenar Internet”, Facebook es en la percepción de los usuarios la empresa que ha hecho rico a un incapacitado social que pretendía así ser popular entre las chicas… ¿de quién te esperas que te intente engañar??

Claramente, todo esto ya son leyendas y cuentos, ya que hoy en día son empresas que cotizan en bolsa y que pertenecen a sus accionistas, pero… las historias quedan.  Y… para algunos, a Facebook le queda poco. ¿Vosotros qué pensáis?

 

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